
Los Quinametzin ocupan un lugar singular dentro de la cosmovisión mesoamericana. Considerados habitantes de una era anterior al ser humano actual, estos gigantes aparecen en diversos relatos indígenas y fueron asociados incluso con la construcción de monumentos como la Gran Pirámide de Cholula.
Cuando se habla de gigantes en la mitología, suelen venir a la mente los relatos de la tradición nórdica o las historias de los titanes de la antigua Grecia. Sin embargo, en Mesoamérica también existió una compleja tradición sobre seres colosales que habitaron la Tierra mucho antes de la humanidad actual.
Según las antiguas creencias mexicas, antes del surgimiento de los hombres existió una raza de gigantes conocida como los Quinametzin. Estos seres poseían una fuerza extraordinaria, podían mover enormes rocas, arrancar árboles enteros y, según algunas tradiciones, participaron en la construcción de monumentos monumentales cuya magnitud parecía imposible para los seres humanos.
Lejos de ser considerados simples personajes legendarios, muchos pueblos indígenas concebían a estos gigantes como habitantes reales de una era anterior del mundo. La creencia se vio reforzada durante la época colonial, cuando algunos conquistadores y cronistas afirmaron haber encontrado enormes huesos enterrados que fueron interpretados como restos de aquellos seres gigantescos.
Los Soles: los mundos anteriores al actual
Para comprender la figura de los gigantes dentro de la mitología mexica es necesario entender primero la concepción cíclica del universo que tenían los pueblos nahuas.
De acuerdo con diversos documentos coloniales que recopilaron tradiciones indígenas, el mundo no había sido creado una única vez. Por el contrario, el universo atravesaba sucesivos ciclos de creación y destrucción conocidos como Soles.
Cada Sol representaba una era completa de existencia. Durante cada una de ellas surgían seres vivos, florecían civilizaciones y finalmente el mundo era destruido por fuerzas cósmicas. Tras cada destrucción nacía un nuevo mundo.
La tradición mexica sostenía que la humanidad actual vive en el Quinto Sol. Sin embargo, antes de este existieron cuatro mundos anteriores, cada uno con características propias y habitantes diferentes.
Fue durante el primero de esos mundos cuando aparecieron los gigantes.
Los Quinametzin y el Primer Sol
El primer mundo era conocido como Nahui-Ocelotl, cuyo significado suele traducirse como “Cuatro Jaguar”.
Según diversas fuentes indígenas, durante esta era la Tierra estaba habitada por los Quinametzin, gigantes descritos como seres de tamaño colosal y fuerza descomunal. Algunas tradiciones los presentan como descendientes de la diosa Tlalcihuatl.
Los relatos los describen como individuos capaces de arrancar árboles enteros y manipular objetos de enormes dimensiones. Sin embargo, no eran considerados dioses ni monstruos. Tampoco eran retratados como héroes.
Por el contrario, muchas narraciones los presentan como una humanidad imperfecta: seres poderosos, pero también arrogantes, primitivos e incapaces de comprender plenamente el orden impuesto por las divinidades.
Como ocurría con todos los habitantes de los distintos Soles, el destino de los Quinametzin estaba ligado al ciclo inevitable de destrucción y renovación del universo.
El fin del mundo de los gigantes

Las fuentes indígenas ofrecen distintas versiones sobre la desaparición de los gigantes. No obstante, una de las narraciones más conocidas sostiene que los dioses decidieron poner fin al Primer Sol después de observar el comportamiento de sus habitantes.
La destrucción llegó en forma de enormes jaguares que descendieron sobre la Tierra y devoraron a los gigantes.
Con ello concluyó el Nahui-Ocelotl y desapareció la primera humanidad. El mundo fue destruido para dar paso a una nueva creación.
Sin embargo, algunas tradiciones sostienen que no todos los gigantes perecieron. Según estos relatos, ciertos individuos lograron sobrevivir a la catástrofe y continuaron existiendo durante eras posteriores, preservando el legado de su raza.
Los gigantes constructores y la relación con Cholula
La supervivencia de algunos gigantes dio origen a otra de las tradiciones más difundidas de Mesoamérica: la idea de que estos seres participaron en la construcción de monumentos colosales.
Entre las edificaciones asociadas a ellos destaca la Gran Pirámide de Cholula, conocida en náhuatl como Tlachihualtépetl, término que puede traducirse como “cerro hecho a mano”.
Ubicada en el actual estado de Puebla, esta estructura posee el mayor volumen de cualquier pirámide construida en el mundo. Su tamaño supera incluso al de la Gran Pirámide de Guiza en términos volumétricos.
Para muchos pueblos indígenas, una obra de semejantes dimensiones parecía exigir la intervención de seres extraordinarios. Así surgieron relatos que atribuían su construcción a los gigantes supervivientes.
Xelhua, el gigante de Cholula
La leyenda más famosa relacionada con la construcción de Cholula es la de Xelhua.
Según la tradición, Xelhua fue uno de los gigantes que sobrevivieron a las grandes catástrofes de los Soles anteriores. Algunas versiones sostienen que logró escapar incluso al gran diluvio que marcó el final de otra de las eras cósmicas.
Tras la destrucción del mundo, Xelhua habría decidido construir una montaña artificial capaz de alcanzar el cielo. Esa construcción sería precisamente la Tlachihualtépetl, la actual Gran Pirámide de Cholula.
Las narraciones describen cómo Xelhua y otros gigantes transportaban enormes piedras desde lugares lejanos para levantar la estructura. En ciertas versiones, el objetivo era desafiar a los dioses o acercarse a su morada celestial.
Las similitudes entre este relato y la historia bíblica de la Torre de Babel han sido señaladas por diversos investigadores. Sin embargo, numerosos especialistas consideran que tales paralelismos podrían deberse a la influencia del cristianismo durante la época colonial, cuando muchas tradiciones indígenas comenzaron a reinterpretarse a través de conceptos europeos.
Los huesos de los gigantes

Uno de los elementos que más contribuyó a fortalecer la creencia en la existencia de gigantes fue el hallazgo de enormes huesos fosilizados.
Mucho antes del desarrollo de la paleontología moderna, era relativamente frecuente encontrar restos de animales prehistóricos como mamuts, mastodontes y perezosos gigantes.
Al desconocer su origen, las personas intentaban explicar aquellos descubrimientos recurriendo a las tradiciones y creencias disponibles en su cultura.
De este modo, los enormes huesos encontrados bajo tierra fueron asociados con los Quinametzin y otras razas gigantes mencionadas en las leyendas.
Cronistas como fray Bernardino de Sahagún registraron relatos indígenas sobre el hallazgo de restos óseos atribuidos a gigantes. Para muchos habitantes de la época, aquellos descubrimientos constituían pruebas tangibles de que los antiguos gigantes realmente habían existido.
Actualmente, la ciencia identifica la mayoría de estos restos como pertenecientes a especies animales extintas. Sin embargo, el hallazgo de fósiles desempeñó un papel fundamental en la consolidación y permanencia de estas creencias.
Gigantes en otras tradiciones mesoamericanas
La presencia de gigantes no se limita exclusivamente a la tradición mexica.
Diversos pueblos de Mesoamérica conservaron relatos sobre seres de gran tamaño que habitaron el mundo en tiempos remotos. Algunas tradiciones mayas también incluyen referencias a personajes gigantescos, mientras que otras culturas del centro de México transmitieron historias similares durante siglos.
La persistencia de estos relatos plantea una cuestión de interés para historiadores y antropólogos: ¿por qué tantas culturas desarrollaron narraciones semejantes?
Entre las explicaciones propuestas se encuentra la transmisión cultural entre pueblos vecinos, así como la necesidad de explicar construcciones monumentales cuyo origen podía haberse vuelto incierto con el paso del tiempo.
La observación de ciudades antiguas, templos colosales y estructuras gigantescas favoreció la aparición de narraciones que atribuían dichas obras a seres de capacidades sobrehumanas.
Un mito presente en toda América
La figura del gigante tampoco es exclusiva de Mesoamérica.
Existen relatos sobre seres gigantescos en diversas culturas indígenas de América del Norte, en tradiciones andinas vinculadas al Perú y también en leyendas registradas en la Patagonia argentina y chilena.
Aunque los gigantes nórdicos suelen dominar el imaginario popular contemporáneo, las tradiciones americanas conservan una rica variedad de relatos sobre seres colosales que habrían habitado el continente en épocas remotas.
Más allá de su carácter legendario, estas historias constituyen una valiosa ventana hacia la manera en que los pueblos prehispánicos interpretaron el pasado, explicaron monumentos antiguos y dieron sentido a los misteriosos restos fósiles que encontraban bajo la tierra.
Los Quinametzin continúan siendo uno de los ejemplos más fascinantes de cómo mito, memoria cultural y observación del entorno pudieron combinarse para dar origen a una de las tradiciones más duraderas de la mitología mexicana.
Fuentes
Historia General de las Cosas de Nueva España (Códice Florentino), Bernardino de Sahagún
Leyenda de los Soles (traducción y estudio de la UNAM)
Historia de los mexicanos por sus pinturas
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) – Zona Arqueológica de Cholula
Alfredo López Austin, Los mitos del tlacuache
Miguel León-Portilla, estudios sobre pensamiento y mitología nahua
Pedro Cieza de León, Crónica del Perú (referencias a gigantes en tradiciones andinas)



